El consumo de alcohol continúa siendo un problema prioritario de salud pública a nivel global, asociado a un elevado impacto en morbimortalidad, funcionamiento psicosocial y carga asistencial (World Health Organization, 2023; Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones [OEDA], 2025).

A pesar de la disponibilidad de intervenciones farmacológicas y psicológicas eficaces, el tratamiento del alcoholismo sigue presentando importantes limitaciones, especialmente en lo relativo al mantenimiento de los cambios a largo plazo. Las tasas de recaída continúan siendo elevadas, lo que sugiere la necesidad de modelos terapéuticos que aborden tanto la conducta de consumo, como los procesos psicológicos subyacentes (McPheeters et al., 2023; Celik et al., 2024).

En este sentido, la evidencia ha señalado que el consumo de alcohol puede entenderse como una conducta funcionalmente orientada a la evitación del malestar emocional, incluyendo estados afectivos negativos, pensamientos intrusivos y sensaciones internas aversivas (Osaji et al., 2020; Krotter et al., 2024).

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), enmarcada dentro de las terapias contextuales, propone un cambio de paradigma al centrarse en el desarrollo de la flexibilidad psicológica como mecanismo central de cambio (Hayes et al., 2012) .

Conceptualización funcional del consumo de alcohol

Desde un enfoque contextual, el consumo de alcohol no se entiende únicamente como una conducta desadaptativa, sino como una respuesta funcional al contexto interno y externo del individuo.

En numerosos casos, el consumo cumple funciones como:

  • Reducción del malestar emocional
  • Evitación de pensamientos dolorosos
  • Regulación de estados internos intensos
  • Facilitación de la interacción social

Este patrón se alinea con el constructo de evitación experiencial, definido como la tendencia a intentar modificar, suprimir o escapar de eventos internos no deseados, incluso cuando ello genera consecuencias negativas a largo plazo (Hayes et al., 2012).

Desde esta perspectiva, la recaída no se interpreta como un fallo de autocontrol, sino como el resultado de un repertorio conductual limitado frente al malestar.

El craving como proceso psicológico

El craving ha sido tradicionalmente conceptualizado como un impulso intenso hacia el consumo que debe ser reducido o eliminado. Sin embargo, esta aproximación presenta limitaciones clínicas relevantes.

La evidencia reciente sugiere que el impacto del craving en la conducta depende en gran medida de la relación que el individuo establece con dicha experiencia (Stappenbeck et al., 2015).

Desde la ACT, se propone un cambio en este marco: reconocer el craving como una experiencia interna transitoria, dejar de interpretarlo como una orden conductual y desarrollar la capacidad de permanecer en contacto con el malestar sin responder de forma automática (Hayes et al., 2012; Hsu et al., 2023). Este enfoque permite disminuir la reactividad conductual sin necesidad de eliminar el deseo, facilitando una mayor capacidad de elección.

Flexibilidad psicológica como mecanismo de cambio

La flexibilidad psicológica constituye el eje central del modelo ACT y se define como la capacidad de contactar con el momento presente y actuar en función de valores personales, incluso en presencia de experiencias internas aversivas (Hayes et al., 2012).

Diversos estudios han identificado esta variable como un mediador clave en la reducción del consumo de sustancias (Hsu et al., 2023; Khandelwal et al., 2024) .

En el contexto del alcoholismo, el incremento de la flexibilidad psicológica se asocia con (Weststrate et al., 2023; Meyer et al., 2018):

  • Menor evitación experiencial
  • Mayor tolerancia al craving
  • Reducción del consumo de alcohol
  • Mejora del funcionamiento psicosocial

Estos hallazgos respaldan la hipótesis de que el cambio terapéutico depende de varios factores, entre ellos la reducción de síntomas y la transformación en la relación con la experiencia interna.

Evidencia empírica y comparación con otros enfoques

La ACT ha mostrado resultados consistentes en la reducción del consumo de alcohol y en la mejora de variables psicológicas relevantes, con tamaños del efecto moderados a altos en algunos estudios (Meyer et al., 2018; Thekiso et al., 2015; Shorey et al., 2017) .

En comparación con la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) (Magill et al., 2023; Boness et al., 2023):

  • Presenta eficacia equivalente en reducción del consumo
  • Muestra ventajas en regulación emocional y adherencia
  • No siempre supera a la TCC en la reducción inmediata del craving

Estos resultados sugieren que ambos enfoques pueden ser complementarios dentro de modelos integrados de tratamiento.

Implicaciones clínicas para el tratamiento en adicciones

La aplicación de la ACT en contextos clínicos permite intervenir de forma efectiva en diferentes fases del tratamiento:

Fase de desintoxicación

Favorece la tolerancia al malestar físico y emocional, reduciendo la reactividad inicial (Weststrate et al., 2023).

Fase de deshabituación

Permite modificar la relación con pensamientos, emociones y craving, ampliando el repertorio conductual (Stappenbeck et al., 2015).

Fase de reinserción

Facilita la construcción de una vida basada en valores, elemento clave para la estabilidad a largo plazo (George et al., 2021).

Este enfoque resulta especialmente relevante en pacientes con alta evitación emocional, recaídas recurrentes o comorbilidad psiquiátrica.

Conclusión

La Terapia de Aceptación y Compromiso representa una intervención sólida y clínicamente relevante en el tratamiento de la adicción al alcohol.

Más allá de la reducción del consumo, su valor reside en facilitar un cambio profundo en la relación del individuo con su experiencia interna, promoviendo una mayor flexibilidad psicológica y una conducta guiada por valores.

Este enfoque permite avanzar hacia modelos de tratamiento más integrales, donde el objetivo no es únicamente la abstinencia, sino la construcción de una vida significativa y sostenible en el tiempo.

Referencias

American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.).

Boness, C. L., et al. (2023). An evaluation of cognitive behavioral therapy for substance use disorder. Clinical Psychology, 30(2), 129–142.

Byrne, S. P., et al. (2024). Mindfulness and Acceptance and Commitment Therapy for problematic alcohol use. Addictive Behaviors Reports, 59, 100639.

Celik, M., et al. (2024). Current and emerging trends in AUD treatment. Brains, 14(3), 294.

George, A. J., et al. (2021). Mindfulness-based eudaimonic enhancement. The Open Psychology Journal, 14(1), 167–178.

Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy. Guilford Press.

Hsu, T., et al. (2023). ACT and psychological flexibility. Journal of Contextual Behavioral Science, 30, 169–180.

Khandelwal, N., et al. (2024). ACT for alcohol use disorder. Indian Journal of Psychiatry, 66(2), 191–194.

Krotter, A., et al. (2024). Effectiveness of ACT for addictive behaviors. Journal of Contextual Behavioral Science, 32, 100773.

Magill, M., et al. (2023). CBT for alcohol use disorders. Substance Abuse and Rehabilitation, 14, 1–11.

McPheeters, M., et al. (2023). Pharmacotherapy for AUD. JAMA, 330(17), 1653–1665.

Meyer, E. C., et al. (2018). ACT for PTSD and AUD. Journal of Traumatic Stress, 31(5), 781–789.

Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA). (2025). Informe 2025.

Osaji, J., et al. (2020). ACT in substance use disorders. Journal of Clinical Medicine Research, 12(10), 629–633.

Page, M. J., et al. (2021). PRISMA 2020 statement. BMJ, 372, n71.

Shorey, R. C., et al. (2017). Mindfulness and acceptance group therapy. Substance Use & Misuse, 52(11), 1400–1410.

Stappenbeck, C. A., et al. (2015). ACT versus cognitive restructuring.

Thekiso, T. B., et al. (2015). ACT in alcohol dependence.

Weststrate, L., et al. (2023). Brief ACT intervention.

World Health Organization. (2023). Global status report on alcohol and health.

Redactado por Yanira Rodríguez Fernández, psicóloga en periodo de prácticas en Orbium