La cocaína es una de las drogas psicoestimulantes más consumidas en el mundo. Produce una euforia intensa, aumento de energía y sensación de invulnerabilidad. Sin embargo, los efectos a largo plazo sobre el cerebro y el cuerpo son profundos, complejos y altamente destructivos, incluso tras períodos prolongados de abstinencia (National Institute on Drug Abuse [NIDA], 2023).

Uno de los mayores peligros de esta droga es que su capacidad adictiva es extremadamente alta, y muchas personas no logran predecir hasta qué punto la van a desear o necesitar tras probarla.

Alta capacidad adictiva y riesgo de recaída

La adicción a la cocaína implica una fuerte activación del sistema dopaminérgico del cerebro, responsable de la motivación y la recompensa. Esta hiperactivación genera recuerdos intensos de placer que pueden persistir durante años y desencadenar recaídas incluso tras largos períodos de abstinencia (Kalivas & Volkow, 2005).

Basta con ver una imagen relacionada con el consumo, escuchar una canción o pasar por un lugar asociado para que aparezca un deseo incontrolable (craving), que puede terminar en una recaída. Este mecanismo se conoce como memoria de la droga y es uno de los grandes retos en el tratamiento de las adicciones.

Tolerancia y sensibilización: dos caras de la misma moneda

Con el uso continuado, el cerebro comienza a adaptarse a la cocaína. Por un lado, aparece la tolerancia: el consumidor necesita dosis cada vez mayores para experimentar los mismos efectos. Por otro, puede presentarse la sensibilización a los efectos tóxicos, como convulsiones, ansiedad o alucinaciones, que pueden aumentar incluso con dosis más bajas (UNODC, 2022).

Esto hace que el patrón de consumo se vuelva peligroso: más cantidad, más frecuencia, más riesgo, tanto psicológico como físico.

Psicosis, paranoia y alteraciones psicológicas severas

El consumo repetido de cocaína, especialmente en forma de “binges” (consumo compulsivo y seguido), puede llevar a un estado de:

  • Irritabilidad crónica.
  • Inquietud motora.
  • Paranoia intensa.
  • Episodios psicóticos con alucinaciones auditivas y delirio.

Este tipo de psicosis inducida por cocaína no es infrecuente y puede presentarse en consumidores habituales o incluso en usuarios ocasionales con alta sensibilidad (Ronel & Frischer, 2021).

Consecuencias físicas según la vía de administración

La forma en que se consume la cocaína influye en los daños que causa:

Inhalación (vía nasal):

  • Irritación crónica del tabique nasal.
  • Pérdida del sentido del olfato.
  • Ronquera, dificultad para tragar.
  • Hemorragias nasales frecuentes.

Inyección (vía intravenosa):

  • Presencia de marcas o “tracks” en antebrazos.
  • Riesgo elevado de infecciones y reacciones alérgicas.
  • Contaminación con aditivos que pueden generar embolias o necrosis.
  • Mayor probabilidad de contraer VIH o hepatitis C, especialmente si se comparten jeringas (Mateu-Gelabert et al., 2017).

Ingestión oral:

  • Riesgo de gangrena intestinal por reducción del flujo sanguíneo.
  • Náuseas, vómitos y dolores abdominales.

Malnutrición, pérdida de peso y debilidad general

La cocaína suprime el apetito de forma agresiva, lo que a menudo provoca una pérdida de peso significativa. Además, altera el metabolismo y disminuye el interés por la comida o el autocuidado (Barr et al., 2006). Esto puede derivar en:

  • Deficiencias nutricionales graves.
  • Deterioro inmunológico.
  • Fatiga crónica.
  • En casos extremos, anemia y desnutrición clínica.

Efectos cardiacos y neurológicos

La cocaína tiene un efecto vasoconstrictor directo, lo que significa que estrecha los vasos sanguíneos. Esto puede derivar en:

  • Infartos de miocardio, incluso en personas jóvenes sin factores de riesgo.
  • Ictus (accidentes cerebrovasculares).
  • Crisis hipertensivas.
  • Arritmias cardíacas graves (Kaye & McKetin, 2005).

Estos riesgos se amplifican si el consumo se hace en combinación con otras sustancias, como alcohol o benzodiacepinas.

Impacto en la salud mental

A largo plazo, el consumo de cocaína se asocia con:

  • Trastornos del estado de ánimo, especialmente depresión y ansiedad.
  • Ideación suicida, especialmente durante el síndrome de abstinencia.
  • Trastorno de uso de sustancias con patrón crónico y recaídas frecuentes.
  • Dificultades cognitivas (problemas de atención, memoria y juicio).

Estos efectos persisten incluso después de suspender la droga, lo que hace necesaria una intervención integral y sostenida (Potenza, 2014).

Conclusión: una droga con rostro atractivo y consecuencias devastadoras

La cocaína puede ofrecer una imagen de poder, seguridad y control. Pero detrás de su euforia inicial se esconde un proceso de deterioro neuropsicológico y físico progresivo, con consecuencias que afectan todos los ámbitos de la vida.

Informar, prevenir y desmitificar el consumo sigue siendo clave. Porque lo que comienza como una experiencia recreativa puede convertirse, sin avisar, en una adicción crónica y altamente destructiva.

Referencias

Barr, A. M., Panenka, W. J., MacEwan, G. W., Thornton, A. E., Lang, D. J., Honer, W. G., & Lecomte, T. (2006). The need for speed: an update on methamphetamine addiction. Journal of Psychiatry & Neuroscience, 31(5), 301–313.

Kalivas, P. W., & Volkow, N. D. (2005). The neural basis of addiction: a pathology of motivation and choice. American Journal of Psychiatry, 162(8), 1403–1413. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.162.8.1403

Kaye, S., & McKetin, R. (2005). Cardiotoxicity associated with cocaine use. The Medical Journal of Australia, 183(10), 531–532. https://doi.org/10.5694/j.1326-5377.2005.tb07143.x

Mateu-Gelabert, P., Guarino, H., Jessell, L., & Teper, A. (2017). Injection and sexual HIV/HCV risk behaviors associated with nonmedical use of prescription opioids among young adults. Substance Use & Misuse, 52(2), 242–255. https://doi.org/10.1080/10826084.2016.1221146

National Institute on Drug Abuse. (2023). Cocaine DrugFacts. https://nida.nih.gov/publications/drugfacts/cocaine

Potenza, M. N. (2014). The neural bases of cognitive processes in addiction. Frontiers in Psychiatry, 5, 1–12. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2014.00053

Ronel, N., & Frischer, M. (2021). Cocaine-induced psychosis: a review. Substance Use & Misuse, 56(1), 14–24. https://doi.org/10.1080/10826084.2020.1833519

United Nations Office on Drugs and Crime. (2022). World Drug Report 2022. https://www.unodc.org/unodc/en/data-and-analysis/world-drug-report-2022.html