Más allá de los efectos inmediatos en el plano emocional derivados del consumo de drogas, se han podido observar diversos patrones emocionales comunes entre las personas que presentan trastorno de adicción a sustancias.

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Los datos parecen apuntar hacia un aplanamiento afectivo, esto es, en las personas adictas los estímulos que reciben generan una menor activación cerebral a menos que estén relacionados directamente con el consumo, lo cual genera gran activación. Por ello, se observa que las personas consumidoras de drogas, generalmente, suelen percibir los estímulos agradables con una menor intensidad que las personas no consumidoras. Así, los estímulos afectivos agradables presentes en la vida cotidiana tendrían un menor atractivo para las personas consumidoras.

Si nos paramos a observar, podemos ver patrones claramente diferenciados entre personas consumidoras de sustancias excitantes (cocaína, anfetaminas…) frente a consumidoras de sustancias depresoras (alcohol, cannabis…).

Los consumidores de sustancias excitantes parecen percibir los estímulos de manera más extrema, es decir, ellos tienden a valorar los estímulos o como muy apetitivos o como muy aversivos.

Por otro lado, los consumidores de sustancias depresoras eran más tendientes a una valoración neutra de los estímulos, es decir, un sensación más próxima a la indiferencia ante los estímulos recibidos del mundo exterior..

Otro aspecto a tener en cuenta es que los consumidores de drogas suelen presentar un déficit en el reconocimiento de las emociones ajenas a través de expresiones faciales. Esto puede dar lugar a una malinterpretación que estaría relacionada con reacciones emocionales exageradas por parte de las personas adictas.

 

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