Por todos son conocidos los beneficios que el ejercicio físico tiene para nuestra salud, tanto física como mental.

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Por tanto, si es tan beneficioso, ¿porqué no hacerlo formar parte del tratamiento en adicciones?

Diversos autores son ya los que han estudiado la efectividad del ejercicio en la intervención en adicciones: favorece la reducción del consumo, facilita la disminución del craving y la disminución de la sintomatología de la abstinencia.

Sobre todo, se ha visto recomendable como elemento facilitador del cambio en el estilo de vida, así como una estrategia útil para la prevención de recaídas.

Los beneficios de la actividad física son diversos:

  • Aumenta la tolerancia a frustraciones, controlando los impulsos nerviosos. Mejora el trabajo de los neurotransmisores.
  • Recupera la sensibilidad de los receptores corporales.
  • Disminuye la ansiedad, el estrés y la depresión.
  • Aumenta el bienestar general.
  • Aumenta la autoestima, la seguridad y la confianza en uno mismo.
  • Mejora la condición física.
  • Previene la adquisición de factores de riesgo y ayuda a controlarlos.
  • Estimula el organismo en su totalidad produciendo un gasto energético saludable.
  • Mejora la comunicación y la capacidad de la relación social.
  • Aumenta el apetito.
  • Disminuye el insomnio.
  • Mejora el nivel cardiovascular.
  • Mejora la coordinación, la orientación, equilibrio, tono muscular, postura y marcha.
  • Perdida del miedo.
  • Ayuda a reconocer el propio cuerpo y a cuidarlo.
  • Enseña a resolver problemas, da sentido de pertenencia y genera responsabilidad.
  • Ocupación del tiempo libre.

Como podemos ver, todos estos beneficios van a contrarrestar los síntomas derivados de la abstinencia a las drogas y van a darle la vuelta al repertorio de conducta habitual que se había instaurado por el consumo.

Los mecanismos que median y explican los beneficios del deporte en el tratamiento de la dependencia de sustancias son:

  • Conseguir estados placenteros similares a los producidos por el consumo (activación áreas de refuerzo).
  • La reducción de la sintomatología ansiosa y depresiva inducida durante la abstinencia y mejora el estado de ánimo.
  • Incremento de la autoeficacia.
  • Promoción del ejercicio como una alternativa positiva al consumo, con el objetivo de progresar hacia un cambio de estilo de vida más saludable.
  • El empleo del ejercicio como estrategia de afrontamiento y reducción del estrés.
  • Facilita la reducción del craving (deseo de consumo).
  • Estrategia para incrementar las relaciones interpersonales y el apoyo social cuando el ejercicio se realiza en grupo.

No obstante, antes de pautar la inclusión del ejercicio físico en el programa de intervención debemos tener en cuenta variables como la aptitud física del paciente, edad, y que un médico clínico haya descartado la existencia de algún factor de riesgo, como podrían ser enfermedades coronarias, hipertensión, etc.

 

Referencias:

Siñol, N., Martínez-Sánchez, E., Guillamó, E., Josefa Campins, M., Larger, F. y Trujols, J. (2013). Efectividad del ejercicio físico como intervención coadyuvante en las adicciones: Una revisión. Adicciones, 25(1), 71-85.

Fabián, R. (2007). La importancia de la actividad física en el tratamiento de deshabituación a las drogas. Alcmeon, Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica 14 (2), 82-89.

Escrito en: Bienestar