La adolescencia constituye una etapa del desarrollo caracterizada por profundos cambios neurobiológicos, psicológicos y sociales que aumentan la vulnerabilidad a conductas de riesgo, entre ellas las adictivas. Tradicionalmente, la preocupación clínica y familiar se ha centrado en el consumo de sustancias como el alcohol, el cannabis o los estimulantes. Sin embargo, en la última década se ha observado un aumento significativo de las denominadas adicciones comportamentales, especialmente aquellas asociadas al entorno digital (videojuegos, redes sociales, apuestas online y uso problemático del teléfono móvil).

Según el Informe sobre Adicciones Comportamentales 2023 del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA, 2023), un porcentaje relevante de adolescentes presenta un uso problemático de internet y videojuegos, con mayor prevalencia en varones en el caso del gaming (videojuegos) y una distribución más homogénea en redes sociales. A nivel internacional, el World Drug Report (United Nations Office on Drugs and Crime [UNODC], 2023) resalta que el inicio temprano en el consumo de sustancias continúa siendo un factor de riesgo clave para el desarrollo de trastornos por uso de sustancias en la adultez.

Ante este escenario, los padres y tutores legales se enfrentan a una realidad compleja: las adicciones ya no se limitan a sustancias visibles, sino que pueden desarrollarse en el propio hogar, a través de dispositivos digitales aparentemente inofensivos. Comprender esta nueva problemática es el primer paso para intervenir de manera eficaz.

Vulnerabilidad adolescente y bases neuropsicológicas

El cerebro adolescente se encuentra en un proceso de maduración progresiva, especialmente en áreas prefrontales implicadas en el control inhibitorio, la toma de decisiones y la regulación emocional. En contraste, el sistema límbico y los circuitos de recompensa dopaminérgicos presentan una mayor reactividad (Casey et al., 2008). Esta asincronía explica la mayor impulsividad y la búsqueda de sensaciones nuevas características de esta etapa vital.

Tanto las sustancias psicoactivas como determinadas conductas digitales activan el sistema de recompensa cerebral. En el caso de los videojuegos y las redes sociales, los mecanismos de refuerzo intermitente (notificaciones, recompensas virtuales, validación social) generan patrones conductuales similares a los observados en las adicciones a sustancias (Roncero Rodríguez et al., 2023).

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2019) reconoció oficialmente el trastorno por videojuegos en la CIE-11, subrayando la necesidad de criterios diagnósticos claros y abordajes clínicos específicos. Este reconocimiento no implica patologizar el uso recreativo, sino identificar aquellos casos en los que existe pérdida de control, prioridad creciente de la conducta y persistencia pese a consecuencias negativas.

Del consumo de sustancias al entorno digital: convergencias y diferencias

Aunque las adicciones con y sin sustancia comparten mecanismos neurobiológicos y criterios clínicos (American Psychiatric Association [APA], 2022), existen diferencias relevantes desde el punto de vista familiar y terapéutico.

En el consumo de sustancias, los signos de alarma pueden incluir cambios físicos, alteraciones del sueño, bajo rendimiento académico o aislamiento. En el entorno digital, la conducta problemática puede pasar desapercibida durante más tiempo, ya que el uso de dispositivos forma parte de la vida académica y social cotidiana.

No obstante, ambas tipologías comparten factores de riesgo comunes:

  • Déficits en habilidades de regulación emocional.
  • Baja supervisión parental o estilos educativos inconsistentes.
  • Presencia de psicopatología comórbida (ansiedad, depresión, TDAH, TCA, etc.).
  • Experiencias de rechazo o victimización social.

La evidencia señala que el uso problemático de internet se asocia significativamente con sintomatología depresiva y ansiosa en adolescentes (Kuss & Lopez-Fernandez, 2016). Asimismo, el consumo temprano de alcohol sigue siendo un predictor robusto de problemas posteriores (OEDA, 2023).

Desafíos terapéuticos en la era digital

El tratamiento de las nuevas adicciones plantea desafíos específicos:

  • Normalización social del comportamiento: el uso intensivo de pantallas está ampliamente aceptado.
  • Accesibilidad constante: la exposición al estímulo es continua.
  • Resistencia del adolescente: baja conciencia de problema, especialmente en adicciones digitales.

La evidencia respalda el uso de intervenciones cognitivo-conductuales adaptadas a adolescentes, incluyendo entrenamiento en habilidades emocionales, reestructuración cognitiva y trabajo con la familia (King et al., 2017). La implicación parental resulta determinante para mejorar la adherencia y reducir recaídas.

Asimismo, los programas que combinan intervención individual, terapia familiar y coordinación con el entorno escolar muestran mejores resultados clínicos.

El papel de la familia: detección precoz y acompañamiento

Los padres desempeñan un rol central tanto en la prevención como en el tratamiento. Algunas señales de alerta incluyen:

  • Irritabilidad intensa al limitar el uso de dispositivos.
  • Aislamiento social progresivo.
  • Mentiras respecto al tiempo de conexión.
  • Descenso del rendimiento académico.
  • Abandono de actividades que antes resultaban gratificantes.

Ante estas señales, la intervención temprana es crucial. Retrasar la consulta por miedo, culpa o estigmatización puede favorecer la cronificación del problema.

Buscar ayuda profesional no implica fracaso parental, sino responsabilidad y compromiso con el bienestar del hijo.

Conclusión

Las adicciones en adolescentes han evolucionado desde un modelo centrado exclusivamente en sustancias hacia un panorama más amplio que incluye conductas digitales potencialmente adictivas. La evidencia científica confirma que ambas comparten mecanismos neurobiológicos y consecuencias clínicas significativas.

Para los padres, el desafío consiste en reconocer los signos tempranos y comprender que estas conductas no son simplemente “cosas de la edad”. La intervención especializada, integral y basada en la evidencia resulta fundamental para prevenir la consolidación del trastorno y sus secuelas a largo plazo.

En centros especializados como Orbium, el abordaje multidisciplinar permite evaluar de forma rigurosa cada caso, diseñar planes terapéuticos personalizados e implicar activamente a la familia en el proceso de recuperación. Actuar a tiempo puede marcar la diferencia entre una conducta problemática transitoria y un trastorno adictivo consolidado.

Bibliografía

American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR).

Casey, B. J., Jones, R. M., & Hare, T. A. (2008). The adolescent brain. Annals of the New York Academy of Sciences, 1124(1), 111–126. https://doi.org/10.1196/annals.1440.010

King, D. L., Delfabbro, P. H., Wu, A. M. S., et al. (2017). Treatment of internet gaming disorder: An international systematic review and CONSORT evaluation. Clinical Psychology Review, 54, 123–133. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2017.04.002

Kuss, D. J., & Lopez-Fernandez, O. (2016). Internet addiction and problematic internet use: A systematic review of clinical research. World Journal of Psychiatry, 6(1), 143–176. https://doi.org/10.5498/wjp.v6.i1.143

Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. (2023). Informe sobre adicciones comportamentales 2023. Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas.

Organización Mundial de la Salud. (2019). International classification of diseases (11th ed.).

Roncero Rodríguez, M., Hodann-Caudevilla, R. M., Alberdi Páramo, Í., & Molina-Ruiz, R. M. (2023). Adicciones sin sustancia o adicciones comportamentales. Medicine – Programa de Formación Médica Continuada Acreditado, 13(85), 4998–5009. https://doi.org/10.1016/j.med.2023.08.011

United Nations Office on Drugs and Crime. (2023). World drug report 2023. Naciones Unidas.